Las recomendaciones mundiales de actividad física de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugieren que los niños y adolescentes deberían invertir, como mínimo, 60 minutos diarios en actividades físicas de intensidad moderada a vigorosa, principalmente, aeróbicas, y realizar actividades de fortalecimiento muscular y óseo, al menos, 3 veces por semana.

Las actividades físicas consisten en juegos, deportes, desplazamientos, actividades recreativas, educación física y ejercicios programados en diferentes contextos, como la familia, la escuela y las actividades comunitarias.

Durante la última década, se ha incrementado el número de niños y adolescentes que realizan entrenamiento de la fuerza como actividad física; y La evidencia científica indica que es beneficioso para la salud en varios aspectos. Sin embargo; la prescripción y supervisión del entrenamiento de la fuerza debe realizarse en forma adecuada, por personal que cuente con una instrucción calificada con el fin de disminuir los riesgos de lesiones. Dando prioridad a la importancia de la técnica correcta, la progresión gradual de la carga, como así también la estricta adhesión a las normas de seguridad.

actividad física

La participación regular en el entrenamiento de la fuerza mejora la aptitud física, el desempeño motor y la salud del individuo, pero sólo cuando forma parte de un programa global de educación física o de un deporte.

El uso de la fuerza en niños en desarrollo incluye los componentes del juego cotidiano y se puede dividir en las siguientes etapas:

Desde el nacimiento a los 4 años:

El uso de la fuerza está generado por la estimulación ambiental desde el círculo familiar, con el desarrollo de la musculatura paravertebral, la postura bípeda erguida, la cual es la generadora de casi todos los movimientos después del año de vida.

Desde los 4 a los 8 años:

En esta etapa, como en la anterior, no hay objetivos de entrenamiento específicos de la fuerza. La estimulación que recibe el niño es desde todos los ámbitos (colegio, familia, clubes, etc.). Le permite la maduración correcta del componente de la fuerza y origina o desarrolla la fuerza de construcción. En función de la disparidad de trabajo entre el tren inferior y el tren superior como consecuencia de la bipedestación, se recomiendan las actividades lúdicas del tren superior para su desarrollo (lanzamientos, trepadoras, reptación, juegos de arrastre, etc.).

A pesar de las preocupaciones asociadas al entrenamiento de la fuerza en niños y adolescentes, existe evidencia científica de que la participación en un programa supervisado es un método de acondicionamiento seguro y efectivo.

En 2014, se publicó el posicionamiento sobre el entrenamiento de la fuerza en niños y adolescentes. Se trató de un documento de consenso internacional (adaptado del posicionamiento publicado en 2009 por la National Strength and Conditioning Association, NSCA) que fue realizado por autores del campo de:

Esta posición fue revisada y avalada por varias instituciones científicas relacionadas con estas áreas, incluida la Academia Americana de Pediatría.

BENEFICIOS POTENCIALES DEL ENTRENAMIENTO DE LA FUERZA

 Un programa de entrenamiento de la fuerza diseñado de manera apropiada puede brindar beneficios para la salud y para el acondicionamiento físico de niños y adolescentes. Cuanto más temprano se incorpore, mayores serán las mejoras en su sistema motor y estarán más aptos para las actividades físicas o deportivas en su vida futura.

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Beneficios generales:

RIESGOS DEL ENTRENAMIENTO DE LA FUERZA

Los riesgos de lesiones músculo-esqueléticas asociadas al entrenamiento de la fuerza no son mayores que los ocurridos en cualquier actividad física o deporte.

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Son frecuentes las lesiones en el hombro, la espalda y la pelvis, asociadas a técnicas inadecuadas o cargas de entrenamiento excesivas. Su disminución se logra con ejercicios protectores específicos. La mayoría de las lesiones agudas relacionadas con el entrenamiento de la fuerza son accidentales provocadas por el uso inapropiado del equipamiento en niños de entre 8 y 13 años, las cuales podrían ser prevenidas con la supervisión adecuada y la estricta adhesión a las pautas de seguridad.

¿El entrenamiento puede afectar el crecimiento de los niños?

No existe evidencia que sugiera que el entrenamiento de la fuerza afecte en forma adversa el crecimiento en niños y adolescentes, lo que descarta el “mito” de que entrenar la fuerza reduce la talla final alcanzada en la adultez.

Fuente:

Comité Nacional de Medicina del Deporte Infantojuvenil. Entrenamiento de la fuerza en niños y adolescentes: beneficios, riesgos y recomendaciones. Arch Argent Pediatr 2018;116 Supl 5:S82-S91

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